Podemos disfrazarlo como queramos, podemos buscarnos todas las excusas que se nos ocurran, podemos no asumir las cosas como deberíamos, pero todo eso no va a cambiar los resultados.
Total, que si estuviera hablando con cualquier amigo/a, le diría que esto ha sido una cagada brutal. Pero no es un lenguaje apropiado ni muy científico.
Sin paños calientes, el PP ha ganado las elecciones. Que su cabeza de lista sea una persona bastante más escorada a la derecha que la media de la militancia y/o votantes de su partido, es un hecho, lo que no significa, ni mucho menos, que el resto de los componentes de la lista lo sean, afortunadamente. La cuota fija de votos del PP funciona, no fallan en ninguna convocatoria electoral. No sufren apenas de volatilidad electoral, frecuente en las cada vez más inseguras clases medias, menos medias que nunca, pero con poca conciencia de su realidad social y económica. Ojo a este dato, que va a ser determinante en el futuro más próximo.
No obstante, durante los próximos años es posible que pierdan un número importante de votos en favor de opciones políticas "anti-políticas", de las que hablaré en otro post.
El PSOE ha perdido 700.000 votos con respecto a las anteriores elecciones europeas. Este dato, sin suponer ninguna catástrofe, debe llevar a una reflexión sobre, principalmente, el discurso en torno a Europa, la desmovilización de su potencial electorado y su capacidad mediática. Y en el resto de Europa soplan muy malos vientos para la izquierda, por más que la causa de la crisis sea responsabilidad de las políticas neoconservadoras de los partidos del centro derecha y conservadores tanto europeos como norteamericano. O sea, que los principales valedores de políticas y de discursos en torno al concepto cuya responsabilidad en la crisis tiene un alto porcentaje de culpa, se han llevado el gato al agua en la práctica totalidad de Europa. Eso sugiere que la izquierda está perdida.
Los casi 450.000 votos de UPyD sugieren, sobre todo, malos tiempos para la política y lo político. Porque el increíble ascenso de este anti-partido político, basado en la crítica al sistema en sí y en especial al sistema de partidos, sin ideología de ningún tipo y basado en una amalgama de tópicos y de frases que el ciudadano de a pie quiere oir, debe llevarnos a empezar a pensar, que la gente está enfadada. Y ellos están encantados de satisfacer los oidos necesitados de mucha gente, desde la irresponsabilidad de la crítica nada constructiva del que sabe que no tiene opciones de gobernar.
En medio, el Estado-nación, completamente agotado y sin fuerzas, aguantando el tirón de una crisis que él no ha provocado, pero que la ciudadanía le achaca, por la lejanía de instituciones superiores (como la propia UE) y porque cada vez es sentido como más lejano dado el trasvase de competencias a instutuciones menores (sobre todo locales, en casi toda Europa), que son las que, al estar cerca del ciudadano, éste percibe como los principales agentes para resolver sus problemas del día a día.
Seguiremos analizando...